Ya han pasado dos años desde tu partida, pero comienzo a sentir más que nunca tu ausencia.
La muerte nos revela sensaciones inexplicables, ausencias que saben a confusión.
Extraño discutir contigo y sentirme confundida por no saber como ayudarte y ser empática con lo que estas viviendo. Ahora solo me queda el recuerdo de aquelllo que un día vivimos. Quisiera abrazarte pero estás en el viento y mis manos no pueden sostenerte, me duele en el alma no poder verte. Me queda de consuelo una foto tuya con la que platico y te cuento como va todo por acá, pero aún así todo se siente como una película, en donde no entiendo que pasó, ni en que momento desapareciste fisicamente de la historia para volverte algo eterno que está en mi mente constantemente.